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El rumbo de la Educación Superior (III)

Las universidades, ¿están formando desempleados?

EL CARABOBEÑO (10/03) Heberto Alvarado Vallejo. Alejandra García egresó en agosto de 2004 de la Universidad de Carabobo. A sus 25 años, esta ingeniera química está trabajando como secretaria en una clínica. Comenta que muchos de sus colegas trabajan como dependientes en tiendas de centros comerciales o como cajeros en los numerosos centros de comunicaciones y conexiones de la ciudad.

Alejandra señala que se ha convertido en un experta en el uso de Internet, conoce todos los portales de empleo que están en la WWW, al igual que todas las empresas de la Zona Industrial de Valencia. En sus recorridos ha dejado infinidad de currículos donde da fe de su capacidad intelectual, plasmada en una mención honorífica de la UC y la elaboración de un aceite esencial que pudo haberse convertido en una alternativa viable para su progreso económico.

La joven profesional señala que, además de no conseguir empleo, ha gastado dinero en cybercafés y en la compra casi a diario de periódicos regionales y nacionales, donde lee las ofertas de empleo.

Su experiencia habla; señala que las universidades sólo comienzan a hablar de las oportunidades de trabajo en la última etapa de la carrera. “Al final te dicen que hagas pasantías, pero no colaboran para que ingreses al mercado laboral; después que te gradúas, hasta allí llega la flor”.

Indica que, de haber sabido, hubiese preferido iniciarse en el INCE para, luego de tener un empleo, comenzar estudios universitarios. “La realidad te obliga a trabajar, y es más fácil conseguir como secretaria que como ingeniera”.

El testimonio de esta joven refleja el rumbo que en muchos casos ha tomado el destino laboral de muchos profesionales, en quienes el Estado ha invertido millones de bolívares semestralmente para mantenerlos en universidades autónomas.

¿Por qué está pasando esto?, ¿estarán adecuados los currícula de nuestras universidades?, ¿las actuales carreras se acoplan a las necesidades del país? Además, ¿se está orientando e informando al joven de bachillerato sobre las realidades del mercado de trabajo?

Al ver las siguientes cifras aportadas por el Ministerio de Educación Superior, donde se justifica la creación de una nueva Ley Orgánica de Educación, se podría asegurar que la mayoría de las repuestas a las interrogantes es negativa.

Los datos indican que la tasa de escolaridad promedio en los hogares venezolanos es inferior a los cinco años de estudio, todavía por debajo de los nueve años de educación obligatoria establecidos en la Ley Orgánica de Educación de 1980; el 12,22% de los jefes de hogar no lograron ningún grado; 41% de los niños y niñas en edad de educación preescolar, comprendida entre 4 y 6 años, se encuentra fuera de este nivel educativo; el 9,34% de la población infantil correspondiente a las dos primeras etapas de educación básica, de edades entre 7 y 12 años, está fuera de la escuela, y lo más angustioso: el 52,52% de los jóvenes entre 13 y 18 años de la tercera etapa de educación básica y educación media también se encuentra excluido.

La cifras oficiales hablan que, en conjunto, el 32,15% de la población en edad escolar, entre 4 y 18 años, está fuera del sistema educativo, es decir, 663.960 niños de preescolar, 303.362 de primera y segunda etapas de básica y 1.571.586 de tercera etapa y educación media, que suman 2.538.908 niños, niñas y jóvenes.

El Gobierno señala que esta población está condenada a permanecer en estado de pobreza; sí y sólo sí, el Estado y la sociedad en su conjunto no asumen decididamente garantizarles la atención educativa adecuada a la que tienen derecho.

Otro punto expuesto tiene mucho que ver con el caso de Alejandra García. Expresan que ha crecido la percepción de la inutilidad de la educación como camino para la movilidad social, que pareciera confirmarse con los 100.000 profesionales universitarios desempleados que hay en el país.

Por esta realidad, señalan que son necesarios los cambios profundos en el sistema de educación superior, que requiere un proceso de transformación que le dé pertinencia social al sistema y lo coloque de cara a la nación.

El Gobierno reconoce su error y señala que en Venezuela se ha ido conformando un cuadro crítico de exclusión de la población juvenil, que reproduce la pobreza por no ser dotada de herramientas mínimas para procurarse un trabajo digno.

Para ellos el cuadro es desalentador. Se excluye al joven del sistema formal y no se le atiende después. De un total de 3.762.614 venezolanos entre 14 y 25 años con niveles educativos inferiores a educación media, sólo un 11,3% terminó o está estudiando un curso de capacitación o formación técnica, y de éstos, un 30% lo hace en una academia privada.

Estas cifras no toman en cuenta al medio millón de bachilleres que no han podido ingresar en la universidad o en un tecnológico; estas personas están pasando los mejores años de sus vidas dedicados a oficios poco estables, no tienen seguridad social y muchos menos crecimiento profesional e intelectual.

El problema, como se demuestra, no sólo yace en la universidad, pues éste comienza en la familia, la célula de la sociedad. Para resolverlo no basta con nuevas leyes y reorganización de funciones en los sistemas de educación, llámese inicial, media y diversificada o superior.

EL PROBLEMA MAS ALLA DE LA LEY

Lo expuesto anteriormente demuestra que los problemas del sistema de educación superior en Venezuela no sólo se limitan a la aprobación de un reglamento o la defensa de la autonomía. El asunto va más allá de la diatriba política y las posturas alejadas de la realidad del sistema educativo, que más bien parecieran ser acomodadas hacia algún interés particular.

Sin embargo, si bien los cambios deben iniciarse desde la familia, las instituciones de educación superior de nuestro país deben iniciar replanteamientos que, además de estar sustentados en la Ley, deben internalizarse en cada una de las mentes de quienes rigen el sistema.

Para atacar el problema, los secretarios de las universidades de Carabobo y Zulia exponen lo que para ellos es la pertinencia social de las carreras impartidas en sus respectivas instituciones. También exponen sus puntos de vista sobre la verdadera y necesaria revisión del sector universitario.

El profesor Pedro Villarroel, secretario de la UC, explica que las carreras impartidas en nuestra alma máter tienen pertinencia social. “Cuando la Universidad de Carabobo abrió de nuevo sus puertas, en 1958, lo hizo desde una perspectiva de inserción activa en el proceso de industrialización de la región central del país. La denominada política sustitutiva de importaciones se acompañó de un crecimiento del parque industrial que demandaba mano de obra especializada, que la nueva universidad tenía que formar”.

-En este contexto externo, facultades como la de Ingeniería, Ciencias Económicas y la de Medicina tuvieron un auge extraordinario, al punto de convertirse en referencia de ingreso a nivel nacional. Esta realidad ha cambiado un poco, y la orientación de los estudios de nuestra universidad tienen actualmente una clara preocupación por lo social, “puesto que es una realidad fácilmente contrastable y éticamente insoslayable”.

-En todas nuestras facultades, el componente ético y la sensibilidad social del estudiante se han venido fortaleciendo sin descuidar el componente formativo en los nuevos paradigmas del conocimiento y el uso de las nuevas tecnologías, que predominan en la dinámica del aprendizaje a nivel superior.

-Estamos convencidos de que hoy el egresado de nuestra universidad sale al campo de trabajo con una visión mucho más clara de su realidad social y económica y con una clara percepción de lo que significa su papel de profesional en la contribución a la superación de niveles de pobreza y su aporte al desarrollo del país”.

Al referirse a las oportunidades de empleo, Villarroel defendió a la institución al señalar que la UC tiene profesionales en todo el país, requeridos en diversas empresas. Señala que esto se debe a los estándares de preparación de los egresados. “La Universidad de Carabobo fue la que más creció en PPI en los últimos dos años, después de un rezago. Todos estos elementos nos permiten aseverar la calidad académica de nuestra institución, razón que nos obliga, además, a mantener dicha calidad y a fortalecerla permanentemente, en beneficio de las necesidades de profesionales que demanda nuestro país”.

UNIVERSIDADES ESTATICAS

Si bien no se discute la calidad académica que Villarroel defiende, el asunto va más allá. Puedes ser muy buen profesional, como el caso de Alejandra García, pero ¿qué pasa si no hay oferta? ¿Quién falla?, ¿la universidad, en formar excelentes profesionales desempleados?, ¿el Estado, que no promueve la creación de empresas? ¿La falta de comunicación entre el Estado, la empresa y la universidad, para que se formen profesionales con empleo garantizado?

La doctora Judith Aular de Durán, secretaria de La Universidad del Zulia, tiene algunas de las respuestas. Explica que las universidades nacionales son estáticas con los cambios de currícula que se deben dar sobre las demandas que el Estado tiene para el desarrollo del país.

-En algunas carreras estamos formando desempleados, pero eso no sólo es culpa de las universidades nacionales, también hay responsabilidad del CNU, al permitir que muchas universidades privadas abran carreras que no tienen la suficiente demanda en el país. Con esto el Estado falla, pues permite que se formen futuros desempleados. “El CNU debe estar pendiente de no seguir aprobando carreras en universidades experimentales y privadas que están saturadas. Deben fomentar la creación de carreras novedosas o poco cursadas. Por ejemplo, carreras del agro. En el Zulia, por ejemplo, requerimos el desarrollo de las tierras con nuevas políticas y conocimientos para el cultivo. Lo mismo en la piscicultura, la tecnología”.

En este sentido, comenta que en LUZ están considerando la creación de carreras técnicas en estas áreas. Explica que de esta forma se daría respuesta a estas necesidades de la región. “En este momento, de nuestra universidad egresan enfermeras que están laborando en todo el país, siendo ésta una carrera corta. Para que se impartan nuevas carreras cortas es necesario establecer políticas de Estado”. Otro punto importante que no dejó escapar la secretaria de LUZ fue el asunto del régimen de repitencia. Señaló que, en su institución, de los 60 mil estudiantes, cerca de 6 mil tienen más de 10 años en la universidad. “Esto debemos atacarlo, pues esta gente debe graduarse, les cierran las puertas a nuevas generaciones”. Por lo expuesto, muchos de los actuales problemas de nuestros profesionales se resuelven, más que con leyes, con verdaderas intenciones de adecuar el país a las nuevas realidades. La revisión es necesaria en todos los niveles.

NO SOLO LA EDUCACION SUPERIOR

Además de crear carreras pertinentes, se necesita un plan para que el estudiante conozca la realidad del país y del mundo desde el colegio. Ésta es la opinión de la educadora Cruz Elena Salazar, jefa de la División de Protección y Desarrollo Estudiantil de la Zona Educativa de Carabobo. Explica que sus 20 años de experiencia como docente le permiten asegurar que la vocación profesional no está muy clara en los estudiantes de liceo.

“Hemos tenido muchas discusiones por la aplicación de la Prueba de Aptitud Académica; consideramos que esta evaluación es excluyente, pues los jóvenes no tienen oportunidad de demostrar sus verdaderas competencias. Antes el bachiller se inscribía en la universidad y se le facilitaba su ingreso.

Para García, en la actualidad los jóvenes llegan al 2º año del Ciclo Diversificado con una vaga idea de la profesión que quieren estudiar. “Ha habido una falla en la orientación vocacional. Este proceso debe iniciarse desde el mismo comienzo del sistema formal de educación, a temprana edad. Hoy en día se ofrece después de que el estudiante tiene 12 años estudiando y está a punto de ser bachiller”.

La docente estima que esto trae consecuencias. “Hay jóvenes que se retiran de carreras o estudian con poca motivación. Por otra parte, ocurre un problema: los bachilleres que se sienten excluidos de ingresar en una determinada facultad, buscan la manera de burlar los procesos incorporándose a carreras que exigen poco promedio. Esto con la intención de garantizar sus posibilidades de ingreso en la universidad”. Para García, los bachilleres ven a las universidades como la gran solución a su problema, pues creen que les garantizará un empleo; en esto influyen el contexto y el medio, dice la educadora.

“Por eso la vocación es importante y debe estar desde el inicio, para que el joven esté más claro en lo que quiere hacer en su futuro”.

Al respecto, García señala que el Ministerio de Educación y Deportes está trabajando con los orientadores, para que los jóvenes ingresen en la universidad para estudiar carreras con pertinencia social o que precisa el país, para evitar que se gradúen desempleados en las universidades. Sin embargo, García aprovechó para indicar que todas las universidades abren carreras con poca demanda que no están acordes con las necesidades del país. Además de esto, estima que la falta de vocación, el mercantilismo y la complacencia provocan que haya carreras creadas y demandadas por un boom publicitario o una moda pasajera.

“Ahora la novedad es Ingeniería en Sistemas o Computación, antes lo fue Medicina, Derecho o incluso Comunicación Social; a lo mejor el país requiere de estos profesionales, pero la oferta no se corresponde con el total de jóvenes que quieren estudiar esa carrera en ese período específico de tiempo”.

Uno de los puntos fuertes de la orientación que se plantean implementar en las escuelas, colegios y liceos permitirá informar a los jóvenes sobre la importancia y pertinencia de las carreras técnicas.

“Los bachilleres deben saber que las carreras técnicas son más necesarias en este momento. Por ejemplo, las escuelas técnicas comerciales o la carrera de Técnico Superior en Polímeros; ambas son requeridas en todo el país. Lo que ocurre también es que los jóvenes no tienen la información completa de esta demanda”.

¿Y EL PROBLEMA DE ALEJANDRA?

Por lo expuesto, se puede asegurar que la realidad del sistema educativo venezolano exige cambios, que deben alejarse de la diatriba política o de los intereses grupales.

Hace unas semanas se planteaba que la autonomía universitaria estaba en juego y que eso afectaría la academia. Por lo visto, el asunto va más allá del derecho de nuestras universidades de seguir siendo libres en sus decisiones y justa planificación interna.

Si se deja el asunto en meras discusiones de autonomía no se atacará el problema, que por lo visto es mucho más complejo de lo que se cree.

De las opiniones de los expertos se puede leer que la verdadera discusión debe darse con la Ley Orgánica de Educación, pues de ella dependerán las políticas de Estado para que los profesionales como Alejandra García sientan que valió la pena su esfuerzo y dedicación y nunca dejen de soñar y tener esperanzas de ser protagonistas del progreso del país.

 

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